En nuestro patio hay un rincón especial que queremos compartir contigo: un pequeño jardín con la reproducción de una acequia y un naranjo, elementos cargados de historia y significado que hemos incorporado con mucho cariño.
Las acequias
Sistemas tradicionales de riego, han sido durante siglos el corazón del paisaje y la agricultura de nuestra región. Estos canales de agua fueron fundamentales para llevar vida a nuestros campos (ahora de naranjos mayoritariamente) y crear el paisaje que tanto nos caracteriza.
En Bioalqueria queríamos rendir homenaje a este legado, creando un espacio que conecte nuestra historia con tu experiencia.
Las acequias son mucho más que simples conductos de agua; representan una parte fundamental de la historia y la cultura de nuestra tierra.
Su origen se remonta incluso antes de la llegada de los romanos, pero fueron los árabes quienes, hace más de mil años, perfeccionaron estos sistemas, construyendo una elaborada red que se extendía por cada rincón, trasportando ese bien tan preciado: el agua.
La palabra «acequia» proviene del árabe «as-saqiya», que significa «conducción de agua» o «portador de agua».
Estos ingeniosos sistemas no solo permitieron la irrigación, sino que transformaron paisajes áridos en prósperas tierras agrícolas. Gracias a ellos, florecieron cultivos introducidos por los árabes, como almendras, alcachofas, garbanzos, berenjenas, limones, granadas y espinacas.
Las acequias eran esenciales para la supervivencia de las comunidades agrarias, ya que conservaban y distribuían los escasos recursos hídricos en entornos semiáridos.
Además, originalmente su diseño poroso permitía que parte del agua se filtrara en el suelo, recargando acuíferos y alimentando manantiales durante la estación seca, un efecto conocido como «siembra de agua».
En la Sierra Nevada, estas acequias son el sistema de recarga de acuíferos subterráneos más antiguo de Europa, con más de 1.200 años de antigüedad.
Conforme nos íbamos desconectando de la tierra, íbamos aislando las acequias para que “no perdieran agua”, y empezamos a hacerlas de fabrica de ladrillo, como la que tenemos en nuestro rincon especial de Bioalqueria.
Más allá de su función agrícola, las acequias son infraestructuras vivas que requerían y fomentaban la cooperación y gobernanza local. Eran mantenidas por los propios usuarios del agua, lo que creaba una fuerte cohesión social en las comunidades.
La sabiduría sobre su gestión, transmitida de generación en generación, se ha mantenido viva durante siglos. De hecho, el Tribunal de la Aguas de Valencia continua vigente, y es considerado como la institución de justicia más antigua que extiste.
El pequeño jardin
El diseño del jardín fue un proyecto muy personal. Desde el principio, teníamos claro que queríamos integrar elementos autóctonos que reflejaran la esencia del lugar.
Crecer en esta tierra nos hizo comprender la importancia del agua y el ingenio de nuestros ancestros al canalizarla.
Vivir rodeado de naranjos, acompasando nuestro ritmo de vida a sus ciclos anuales nos hizo estar enraizados a nuestra tierra. Reproducir esta acequia es nuestra forma de mantener viva esa herencia y compartirla con nuestros huéspedes, y plantar un naranjo, nuestra forma de agradecer cada una de las estancias que recibiremos en nuestro rincon especial de Bioalqueria.
Hemos añadido a la acequia una pequeña cascada, para que el sonido suave del agua fluyendo aporte paz a todo el espacio.
Imagínate despertar temprano y disfrutar de un café mientras escuchas este murmullo relajante. Es un regalo para los sentidos y un recordatorio de lo simple y hermoso que es conectar con la naturaleza.
Te invitamos a sentarte junto a la acequia y dejarte llevar por la calma que transmite.
Este espacio está pensado para que desconectes del ajetreo cotidiano y te sumerjas en la belleza y la tradición del lugar.


